ArtículosMensajes
Por qué ese mensaje te removió tanto
Tres personas pueden leer el mismo mensaje y tener tres tardes distintas. Qué dice la investigación sobre por qué, y qué hacer antes de responder.
Por Samet Durgun · Cofundador de Subtext · 12 min de lectura
Alguien te escribe “tenemos que hablar”.
Ya sabes lo que viene después. Lo lees cuatro veces. Miras cuándo fue su última conexión. Empiezas una respuesta, la borras, escribes otra más corta, la borras también. Cuarenta minutos más tarde no has trabajado nada y no has enviado nada.
Mientras tanto, tu amiga recibe exactamente las mismas tres palabras de su jefa y contesta “claro, ¿cuándo?” sin soltar el café.
Llevo dos años construyendo Subtext, un asistente de escritura que lee el tono de un mensaje antes de que lo envíes, y durante casi todo ese tiempo lo he explicado fatal. Decía que “analiza el tono emocional de tu borrador”, que es verdad y a la vez no te cuenta nada. Así que hace unas semanas me senté a leer la investigación de verdad sobre cómo funcionan las emociones y sobre qué convierte algo en un detonante. No para quedar bien en una cena. Quería saber si lo que hemos construido tiene algún cimiento debajo.
En general, sí. También tiene un par de grietas que no me esperaba. Aquí va la parte útil.
Casi todos vamos por la vida con tres palabras
Brené Brown encuestó a unas 7.000 personas a lo largo de cinco años y les pidió que nombraran lo que estaban sintiendo en ese momento. La respuesta media fueron tres emociones.2 Contento, triste, enfadado. Su libro Atlas of the Heart cartografía 87 de ellas2, que es una forma bastante afilada de decir que todos funcionamos con una caja de herramientas diminuta.
La primera vez que vi ese número supuse que era un adorno retórico. No lo es. Y la razón por la que importa no tiene nada que ver con el crecimiento personal. El tamaño de tu vocabulario emocional parece cambiar tu forma de comportarte.
Los psicólogos lo llaman granularidad emocional, o diferenciación emocional. Todd Kashdan, Lisa Feldman Barrett y Patrick McKnight revisaron la evidencia en 20151. Las personas capaces de distinguir entre molesto, resentido y decepcionado, en vez de meterlo todo en el cajón de “mal”, recurren menos al atracón de alcohol, a la agresividad o a la autolesión cuando lo están pasando mal. Su cerebro reacciona con menos intensidad al rechazo. Y declaran niveles menos graves de ansiedad y depresión.
Hay un hallazgo de esa revisión con el que merece la pena quedarse un rato. Las personas que diferencian bien sus emociones tienen, de forma medible, menos probabilidades de devolver el golpe a quien acaba de hacerles daño. Y eso no es un rasgo de personalidad. Cuando sabes con precisión qué te ha pasado, tienes más opciones que saltar a la yugular.
La buena noticia es que la granularidad se aprende. Es un problema de vocabulario más que de carácter, y tiende a mejorar con la edad, lo que sugiere que es algo que se adquiere y no algo con lo que se nace.
Tres formas de dar con la palabra exacta
Si solo te llevas una cosa práctica de todo el artículo, que sea una de estas tres.
La rueda de las emociones. Una terapeuta llamada Gloria Willcox la publicó en el Transactional Analysis Journal en 19825 y, sin hacer ruido, se ha convertido en la herramienta de vocabulario emocional más usada de internet. La versión que todo el mundo comparte tiene seis sentimientos en el centro (triste, enfadado, asustado, alegre, poderoso, en paz) y unos 72 más específicos que salen hacia fuera. Primero encuentras la palabra vaga y luego caminas hacia el borde hasta dar con la exacta.
“Mal” se convierte en “triste”, y “triste” se convierte en “decepcionado”. Esa tercera palabra es sobre la que de verdad puedes escribir un mensaje.
La rueda de Plutchik. El modelo de Robert Plutchik, de 1980, es el que hay que sacar cuando ya sabes cuál es la emoción y lo que te falta es la intensidad. Fastidio, enfado e ira son el mismo sentimiento a tres volúmenes, y equivocarse de volumen es justo lo que convierte una queja razonable en una bronca. Plutchik trata además los sentimientos complejos como mezclas. El desprecio, en su esquema, es enfado más asco, lo que explica bastante bien por qué cae tan mal.
El Mood Meter. El equipo de Marc Brackett en Yale lo montó como una cuadrícula: cuánta energía tienes en un eje, cuánto de agradable te sientes en el otro. Cuatro cuadrantes y alrededor de cien palabras repartidas por ellos. Desciende de forma bastante directa del modelo circumplejo del afecto de James Russell, de 1980, que es el caballo de batalla de casi todos los registros de estado de ánimo que has usado en tu vida.
Es un buen primer barrido cuando ni siquiera sabes por dónde empezar. Energía alta y sensación desagradable significa que probablemente tengas que bajar la temperatura antes de escribir nada. Energía baja y sensación desagradable es otro problema, con otra solución.
La parte que de verdad explica tu grupo de WhatsApp
Nombrar la emoción es el paso uno. La pregunta difícil es por qué ese mensaje te llegó a ti mientras a otra persona le resbaló.
Marshall Rosenberg, que desarrolló la Comunicación No Violenta, tiene la versión más limpia de la respuesta:
Lo que los demás dicen y hacen puede ser el estímulo de nuestros sentimientos, pero nunca su causa.
Me resistí un tiempo a esta idea porque suena a darle coartada a la gente maleducada. No es eso. Alguien puede haberse pasado de verdad y, aun así, el escozor que sientes puede venir de una necesidad tuya que se quedó sin cubrir. Las dos cosas son ciertas a la vez. Lo que te da ese cambio de enfoque es la posibilidad de decir algo concreto en lugar de algo acusatorio.
Lo que me lleva a la idea más útil que encontré en todo esto.
La mitad de las emociones que nombras no son emociones
La CNV los llama falsos sentimientos10. Son palabras que van detrás de “me siento” pero que en realidad describen lo que crees que alguien te ha hecho:
Ignorado. Menospreciado. Criticado. Incomprendido. Abandonado. Manipulado. Rechazado. No escuchado.
Cada una de ellas es una acusación con el abrigo de una emoción. Que es exactamente por lo que “me siento ignorado” arranca una discusión casi sin fallar y “esta semana me he sentido solo y tenía ganas de saber de ti” muchas veces no. La primera sienta a la otra persona en el banquillo. La segunda solo le cuenta algo verdadero.
Resulta que es una de las cosas que más detectamos. Cuando Subtext marca un borrador como duro, la frase casi nunca es agresiva. Es un falso sentimiento haciendo daño en voz baja en mitad de un párrafo por lo demás razonable.
Por qué el mismo mensaje cae de tres maneras distintas
La versión científica de la frase de Rosenberg es la teoría de la valoración cognitiva, desarrollada sobre todo por Richard Lazarus. La idea es que las emociones nacen de tu evaluación de un acontecimiento y no del acontecimiento en sí. Hay una valoración primaria (¿esto me importa, y es una amenaza, una pérdida o un reto?) y otra secundaria (¿puedo hacer algo al respecto?).
Volvamos a “tenemos que hablar”. Tres personas, tres valoraciones:
- Amenaza alta, control bajo, incertidumbre total sobre lo que viene. Eso produce ansiedad.
- Se lee como una culpa injusta que llega sin aviso. Eso produce enfado.
- Se lee como algo ambiguo y probablemente sobre el documento de planificación del tercer trimestre. Eso no produce prácticamente nada.
Los mismos dieciocho caracteres. El mensaje no decidió nada. Lo decidió la lectura.
Lo práctico es que la valoración tiene piezas que puedes inspeccionar. Cuando algo te cae mal, repásalas: ¿esto tocaba de verdad algo que me importa?, ¿quién creo que lo ha provocado?, ¿cuánta certeza tengo sobre lo que va a pasar ahora?, ¿puedo hacer algo al respecto? Casi todas las espirales que he oído describir a la gente se derrumban en la tercera pregunta. La incertidumbre estaba haciendo todo el trabajo.
SCARF: cinco cosas por las que puedes sentirte amenazado
El modelo SCARF13 de David Rock salió del mundo del neuroliderazgo en 2008 y es la taxonomía de detonantes más aprovechable de todas las que encontré, sobre todo para mensajes de trabajo. Cinco terrenos sociales donde una amenaza produce una reacción desproporcionada:
- Estatus. Que te corrijan en un hilo de grupo. Que te dejen fuera de la invitación.
- Certeza. Un “¿hablamos luego?” sin nada más. Plazos vagos.
- Autonomía. Que te digan cómo hacer algo que te habían confiado a ti.
- Vínculo. Una respuesta una palabra más fría de lo normal.
- Justicia. Que otra persona presente tu trabajo. Reglas que se mueven.
El valor aquí es diagnóstico. Cuando un mensaje te molesta más de lo que debería, la razón suele ser uno de esos cinco, y en cuanto puedes nombrar cuál es, puedes escribir un mensaje sobre lo que pasa de verdad en lugar de un mensaje sobre el tono.
Dos piezas más que conviene conocer
El estilo de apego decide, para empezar, qué señales se convierten en detonantes. A grandes rasgos: a las personas con apego ansioso las disparan la tardanza, el silencio y la distancia, y tienden a acercarse al otro. A las personas con apego evitativo las dispara la presión por la cercanía, y tienden a alejarse. Junta a esas dos en un mismo hilo y sale el bucle en el que el acercamiento de una dispara la retirada de la otra, que dispara más acercamiento. Debo avisar de que la investigación sobre el apego está bien asentada, pero las aplicaciones concretas a los mensajes vienen sobre todo de terapeutas en consulta y no de estudios revisados por pares, así que tómalas con cautela.
La otra pieza es lo que Gottman llama vulnerabilidades duraderas, una idea que toma prestada del trabajo de Benjamin Karney y Thomas Bradbury. Heridas antiguas, de mucho antes de esta conversación. Un comentario de lo más normal aterriza en una de ellas y provoca una reacción desproporcionada respecto a lo que se dijo. Todo el mundo tiene unas cuantas. Conocer las tuyas no las borra, pero sí te ayuda a notar cuándo lo que acaba de dolerte no va en realidad de lo que acaba de pasar.
Un límite que conviene nombrar: todo esto va de detonantes interpersonales del día a día, de la fricción normal de escribirte con gente que conoces. Los detonantes de trauma son otro mecanismo y merecen acompañamiento profesional, no un marco de comunicación.
Por escrito todo empeora
Todo lo anterior vale para la conversación en general. Los mensajes escritos añaden sus propios problemas encima, y esta es la parte que más me importa.
No hay cara. El texto elimina el tono, la expresión, el ritmo y el lenguaje corporal, así que la ambigüedad es el estado por defecto y no la excepción. Un “vale” suena frío. Un punto final suena enfadado. Nada de eso estaba necesariamente en la cabeza de quien escribió.
La ambigüedad se rellena sola, y rara vez con generosidad. Cuando falta información, la predicción tapa el hueco, y un cerebro ansioso elige sin fallar la peor opción disponible. Esto no es un defecto de carácter. Es lo que hacen los cerebros con datos incompletos.
La tardanza parece una decisión. Las confirmaciones de lectura y el aviso de “escribiendo…” convirtieron el silencio en un acontecimiento legible. Cuando Naomi Eisenberger y sus colegas metieron a varias personas en un escáner16 y las dejaron fuera de un juego virtual de pasarse la pelota, en 2003, la corteza cingulada anterior se activaba más durante la exclusión que durante la inclusión, y esa actividad iba de la mano del malestar que ellas mismas decían sentir. La lectura fuerte de ese estudio, la de que el dolor social y el dolor físico son la misma cosa, se discute desde entonces, así que esa versión conviene cogerla con pinzas. El resultado de base, que quedarse fuera se registra de forma fiable como malestar, ha aguantado bien.
La expectativa de estar siempre disponible. La norma de responder al instante fabrica culpa en un lado y presión en el otro. En términos de SCARF es un problema de certeza y autonomía disfrazado de buena educación.
Entonces, ¿qué escribes?
Aquí hay dos marcos que hacen casi todo el trabajo.
Los cuatro pasos de Rosenberg
Observación, sentimiento, necesidad, petición. Cuenta lo que pasó como lo habría grabado una cámara. Nombra la emoción real. Di qué necesitabas. Pide algo concreto y factible.
Así queda en un mensaje del que he visto alguna versión cien veces. Las etiquetas de debajo del borrador son las que le pusimos nosotros:
Borrador “Nunca me contestas. La verdad es que es agotador.”
Suena a acusación · “nunca” es casi seguro inexacto · no hay ninguna petición
Reescrito “Te escribí un par de veces la semana pasada y no supe nada de ti. Me sentí un poco solo, la verdad. Para mí es importante que sigamos en contacto, aunque sea con un pulgar arriba. ¿Me avisas cuando estés a tope, y así no me quedo adivinando?”
El segundo es más largo, cosa que la gente me echa en cara siempre. También es el único de los dos que tiene alguna posibilidad de conseguir lo que querías.
Los cuatro jinetes de Gottman, aplicados a ti mismo
John Gottman se pasó décadas mirando discutir a parejas e identificó cuatro patrones17 que predicen que una relación se rompe. Suelen enseñarse como cosas que detectar en la otra persona. A mí me parecen más útiles como lista de repaso de tu propio borrador.
- La crítica ataca el carácter en vez del comportamiento. Todo lo que lleve dentro un “siempre haces” o un “nunca haces”. El arreglo es cambiar el juicio sobre el carácter por lo concreto que pasó, más lo que necesitas.
- El desprecio es burla, sarcasmo, superioridad. Gottman lo llama el predictor de divorcio más potente que hay. No existe una versión ingeniosa de esto. Bórralo.
- La actitud defensiva es devolver la culpa y hacerse la víctima. El arreglo es asumir tu parte, aunque sea pequeña.
- El muro de silencio es callarse y dejar al otro a oscuras. El arreglo no es obligarte a seguir hablando, es decir que necesitas una hora y luego volver de verdad.
Una nota sobre la estadística famosa. Verás por todas partes un “93% de acierto al predecir el divorcio” pegado a esta investigación. Viene del trabajo de Gottman y Levenson, y es real, pero Richard Heyman y Amy Smith Slep publicaron un artículo en 200119 que muestra que, cuando aplicas esas ecuaciones de predicción a una muestra nueva y no a la que sirvió para construirlas, el acierto se desploma. Los patrones valen mucho la pena. El número merece un encogimiento de hombros.
La pausa
El programa RULER de Yale lo llama el metamomento: el hueco que abres a propósito entre que algo te dispara y respondes. Es la idea menos sofisticada de todo el artículo y probablemente la que más rinde.
Hay incluso un mecanismo bastante limpio que explica por qué nombrar ayuda en ese hueco. El equipo de Matthew Lieberman descubrió en 20074 que poner un sentimiento en palabras reducía la actividad de la amígdala ante imágenes emocionales. Le pones nombre y baja parte del calor. Que es, más o menos, todo el producto en el que trabajo, así que acoge esa frase con la dosis de sospecha que merece.
Una pelea que el campo no ha resuelto
Durante décadas la historia estándar fue la de Paul Ekman: seis emociones, universales, escritas en la cara igual en todas partes. Es una buena historia y está sometida a una presión seria.
Carlos Crivelli y sus colegas llevaron caras emocionales occidentales a los habitantes de las islas Trobriand, en Papúa Nueva Guinea, en 2016, y descubrieron que la cara de “miedo” con los ojos muy abiertos, que a ojos occidentales se lee como miedo y sumisión, allí se leía sistemáticamente como enfado y amenaza21. Luego, en 2019, Lisa Feldman Barrett y cuatro coautores revisaron toda la literatura y concluyeron23 que los movimientos faciales no diagnostican universalmente los estados emocionales, y que deberíamos dejar de tratar una cara como la lectura directa de lo que alguien siente.
La alternativa de Barrett es que el cerebro construye las emociones sobre la marcha, a partir de sensación corporal en bruto más conceptos aprendidos. Si tiene razón, tu vocabulario emocional no es una descripción de tus sentimientos. Es parte de la maquinaria que los fabrica.
No estoy cualificado para arbitrar esto. Sí diré que la visión construccionista es la que hace que una app como la nuestra tenga sentido, que es justo por lo que intento no encariñarme demasiado con ella.
Para qué sirve esto de verdad
Nada de esto vuelve a nadie más tranquilo. No va a evitar que se te caiga el estómago cuando alguien está escribiendo once segundos y luego para.
Lo que te da es un juego de palabras más amplio para lo que acaba de pasar y, si la investigación tiene razón, ahí está casi todo el trabajo. Dejas de enviar “nunca me contestas” porque ahora sabes ver que la emoción de debajo es soledad y no enfado, y la soledad pide algo completamente distinto.
El mensaje que llevas días evitando suele estar a una palabra exacta de poder enviarse.
Esa distancia, entre la palabra que agarraste y la palabra que era verdad, es toda la razón de ser de Subtext. Lee tu borrador como lo va a leer la otra persona, marca las frases que van a caer mal y te ofrece versiones que siguen sonando a ti. Gratis para empezar, en tu móvil o en el navegador.
¿Crees que me he equivocado en algo? Búscame en LinkedIn.
Samet Durgun es cofundador de Subtext, una app que capta el tono emocional de tus mensajes y los reescribe con tu propia voz. Vive en Berlín.
Fuentes y lecturas recomendadas
Todos los enlaces de arriba llevan a la fuente primaria siempre que exista una.
Vocabulario emocional y granularidad
- Kashdan, T. B., Barrett, L. F., & McKnight, P. E. (2015). Unpacking Emotion Differentiation: Transforming Unpleasant Experience by Perceiving Distinctions in Negativity. Current Directions in Psychological Science, 24(1), 10-16. Resumen · PDF completo
- Brown, B. (2021). Atlas of the Heart: Mapping Meaningful Connection and the Language of Human Experience. Random House. La lista completa de las 87 emociones · Entrevista en TIME sobre el hallazgo de las tres emociones
- Pond, R. S., Kashdan, T. B., DeWall, C. N., et al. (2012). Emotion differentiation moderates aggressive tendencies in angry people: A daily diary analysis. Emotion, 12(2), 326-337.
- Lieberman, M. D., Eisenberger, N. I., Crockett, M. J., et al. (2007). Putting Feelings Into Words: Affect Labeling Disrupts Amygdala Activity in Response to Affective Stimuli. Psychological Science, 18(5), 421-428. Revista · PDF completo
Nombrar y clasificar las emociones
- Willcox, G. (1982). The Feeling Wheel: A Tool for Expanding Awareness of Emotions and Increasing Spontaneity and Intimacy. Transactional Analysis Journal, 12(4), 274-276. Revista
- Plutchik, R. (1980). Emotion: A Psychoevolutionary Synthesis. Harper & Row.
- Russell, J. A. (1980). A Circumplex Model of Affect. Journal of Personality and Social Psychology, 39(6), 1161-1178.
- Brackett, M. A. (2019). Permission to Feel. Celadon Books. El Mood Meter y el metamomento vienen del enfoque RULER del Yale Center for Emotional Intelligence.
- Cowen, A. S., & Keltner, D. (2017). Self-report captures 27 distinct categories of emotion bridged by continuous gradients. PNAS, 114(38), E7900-E7909. Artículo completo
Detonantes, valoración y necesidades
- Rosenberg, M. B. (2015). Nonviolent Communication: A Language of Life (3rd ed.). PuddleDancer Press. La distinción entre estímulo y causa y el modelo observación, sentimiento, necesidad y petición salen los dos de aquí. El documento sobre los falsos sentimientos (PDF)
- Lazarus, R. S. (1991). Emotion and Adaptation. Oxford University Press.
- Smith, C. A., & Ellsworth, P. C. (1985). Patterns of cognitive appraisal in emotion. Journal of Personality and Social Psychology, 48(4), 813-838.
- Rock, D. (2008). SCARF: A Brain-Based Model for Collaborating With and Influencing Others. NeuroLeadership Journal, 1, 1-9. Resumen en lenguaje llano
- Mikulincer, M., & Shaver, P. R. (2007). Attachment in Adulthood: Structure, Dynamics, and Change. Guilford Press. Fuente de los patrones de hiperactivación y desactivación. Las aplicaciones concretas a los mensajes son extrapolaciones de la práctica clínica, no resultados publicados.
- Karney, B. R., & Bradbury, T. N. (1995). The longitudinal course of marital quality and stability. Psychological Bulletin, 118(1), 3-34. Origen de la idea de las vulnerabilidades duraderas.
- Eisenberger, N. I., Lieberman, M. D., & Williams, K. D. (2003). Does Rejection Hurt? An fMRI Study of Social Exclusion. Science, 302(5643), 290-292. Revista · PDF completo
Patrones de conflicto
- The Gottman Institute. The Four Horsemen: Criticism, Contempt, Defensiveness and Stonewalling, y sus antídotos correspondientes.
- Gottman, J. M., & Levenson, R. W. (1992). Marital processes predictive of later dissolution. Journal of Personality and Social Psychology, 63(2), 221-233.
- Heyman, R. E., & Slep, A. M. S. (2001). The Hazards of Predicting Divorce Without Crossvalidation. Journal of Marriage and Family, 63(2), 473-479. Revista · PubMed
El debate sobre la universalidad
- Ekman, P., & Cordaro, D. (2011). What Is Meant by Calling Emotions Basic. Emotion Review, 3(4), 364-370. Revista · El resumen de las emociones universales del propio Ekman
- Crivelli, C., Russell, J. A., Jarillo, S., & Fernández-Dols, J. M. (2016). The fear gasping face as a threat display in a Melanesian society. PNAS, 113(44), 12403-12407. Artículo completo
- Gendron, M., Roberson, D., van der Vyver, J. M., & Barrett, L. F. (2014). Perceptions of emotion from facial expressions are not culturally universal: Evidence from a remote culture. Emotion, 14(2), 251-262.
- Barrett, L. F., Adolphs, R., Marsella, S., Martinez, A. M., & Pollak, S. D. (2019). Emotional Expressions Reconsidered: Challenges to Inferring Emotion From Human Facial Movements. Psychological Science in the Public Interest, 20(1), 1-68. Revista · PDF completo
- Barrett, L. F. (2017). How Emotions Are Made: The Secret Life of the Brain. Houghton Mifflin Harcourt.